Regresaron las aguas, pero dejaron una compuerta

En el año 2014 pobladores presenciaron los daños ocasionados al río Jute, en Playitas, municipio de Chisec, departamento de Alta Verapaz, donde cientos de peces y otras especies acuáticas fueron despojadas y asesinadas de su hábitat natural, algunos recorrieron kilómetros en estado de agonía, sin comprender que minutos después dejarían de existir. No podían auxiliarse entre sí, pero las comunidades quienes les consideraban parte de su entorno salieron a su encuentro, denunciando el exterminio acuático en su localidad.

Aseguraban que era una tragedia nunca presenciada en el área, era la muerte inmediata de sus especies nativas, cuya matanza no ocupó los titulares de las revistas y prensa nacional, mucho menos de los canales abiertos porque los autores intelectuales de aquella muerte masiva también incursionan en los monopolios comunicativos.
Desde aquel doloroso día, las comunidades afectadas no cesaron de buscar respuestas, protestaron, repudiaron y demandaron la detención de las matanzas, lo lamentable, decían, es que los asesinos estaban a un costado de sus comunidades, eran las sustancias y los contaminantes químicos que la empresa Palmas del Ixcán, vertía en los caudales del río Jute, ubicado en la finca Chiriviscal de Chisec, Alta Verapaz. Recuerdan, que tras la muerte, los habitantes se encontraban también en plena denuncia, por el desvío de sus aguas naturales, “fueron incalculables las pérdidas económicas, sociales y ambientales”, aseveran. En medio de dos grandes problemas, ninguna de las autoridades estatales alertó las denuncias sociales. Sin embargo, las exigencias de devolución del río y el cese de la contaminación cada vez se intensificaban.

A dos años de arduas exigencias, la referida empresa recientemente devolvió las aguas a su caudal natural, pero la vida de los peces y de otros seres acuáticos solo quedó en la memoria comunitaria. Alegan los vecinos que aunque la empresa haya devuelto el agua, el lugar se ha convertido en un pantano, mientras que la empresa instaló una pequeña compuerta, “ahora han devuelto el río pero cuando necesitan el agua la acumulan y por temporada la sueltan”, aclara otra vecina.
La población no deja de repudiar la presencia de Palmas del Ixcán, porque sigue afectada por los desechos extraídos de la procesadora, que también ha provocado enfermedades respiratorias, resaltan. Están rodeados de contaminación pero el ego empresarial no cesa, las autoridades actuales se muestran preocupadas porque la empresa denominada Industria Chiquibul Sociedad Anónima, está cimentando en sus territorios otra planta procesadora, en el municipio de Fray Bartolomé de las Casas del mismo departamento. Al respecto las comunidades están pendientes de pronunciarse públicamente. Frente a las presiones sociales, la denominada industria ha emitido una solicitud de licencia a la municipalidad de Chisec, Alta Verapaz sin embargo, la construcción ya está avanzada.

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